La Puerta Real de la Villa, constituye el vestigio más significativo del antiguo sistema defensivo de la ciudad. Originalmente conocida como la Puerta de Málaga, esta estructura del siglo XIII era uno de los cuatro accesos principales (junto a las de Granada, Antequera y el Arrabal) que permitían el acceso a la Medina islámica, un núcleo urbano que quedó definido y protegido por un imponente cinturón amurallado hasta la conquista cristiana.
El recinto defensivo se articulaba en torno a la alcazaba, situada en la zona alta, y se extendía en un trazado de lienzos y torres que envolvían el actual Barrio de la Villa. Aunque gran parte de la muralla desapareció con la expansión urbana, importantes tramos han sobrevivido hasta hoy, conservador en gran medida a que sirvieron de apoyo para viviendas adosadas.
La Puerta Real destaca en este conjunto por su arquitectura militar nazarí: posee un acceso en recodo diseñado para impedir ataques directos y está custodiada por una robusta torre albarrana de ladrillo. Tras la toma de la ciudad en 1487, el monumento adquirió su nombre actual al ser el lugar donde hicieron su entrada triunfal los Reyes Católicos. Al cruzarla, el visitante no solo atraviesa un arco de medio punto, sino que se sumerge en el urbanismo original de la Medina, un laberinto de calles estrechas y quebradas que ascienden hacia la Iglesia de Santa María y la Fortaleza.